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“I Giusti” por Augusto Cesar Ferrari (1871-1970)
Esa cazuela y la cuchara, el pan, trozo desgarrado y el cuchillo clavado en su corteza. El vaso de agua sostiene en milagroso equilibrio el libro “I Giusti”, El Justo. Apenas encorvado el hombre humilde, un rostro de trabajador sabio, adivina el alimento, una sopa que parece espesa, y entreabre la boca para sorber el alimento…disfruta la mirada, los ojos que contemplan con una paz de alma que ya sabe mucho, y parece mezclarse el placer del alimento con la idea que se lee, la idea de la justicia en el viejo libro, desgastado por las manos que tanto buscaron en ella la verdad.
Sobre la antigua mesa marrón de pobreza, los anteojos que ya parecen no ser necesarios, son un cristal brillante como el de los ojos ávidos de saber más. Se adivina el pensamiento, ¿será por fin el comienzo de lo que debe ser?, ¿el techo sobre el suelo de piedras?, ¿la ventana que verá la máquina y las manos trabajando?, ¿los hijos y los nietos en los bancos de estudiar y los juegos en la arboleda?, ¿el amor con la usina del hogar a todo vapor?, ¿los caminos abiertos para más y más?, ¿la vida protegida contra la maldad, el egoísmo, la ambición de muy pocos que mandan y hacen matar o dejar morir?. El rostro sereno del justo pinta la confianza en el futuro, el logro a lo que se tiene derecho. La sopa espesa tiene gusto a esperanza, la pintura de la realidad no se engaña, millones y millones de justos harán la construcción…
¿Y qué música será la de los avanzados, los esclarecidos, los que leyeron justicia?, ¿y dónde los campamentos?, ¿bajo las copas frondosas de los árboles, los muros de los castillos, los campos secos? Alrededor de los leños encendidos en cualquier noche, los millones hablarán y cantarán de victorias, de la continuidad con los que vendrán…
** Obra al óleo, 0,38 x 4.85, del artista Agustín Cesar Ferrari, instalada en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires.
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